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El cambio social con equidad es una apuesta exigente para quienes andamos en el mundo de lo social. Cada día los retos son mayores para cumplir en forma cabal con esta misión.
La reflexión permanente acerca de los roles y alcance de nuestro trabajo con las comunidades nos invita a preguntarnos, qué tanto estamos convencidos del potencial de cambio de las personas y de su capacidad para transformar su propia realidad; qué lugar ocupan los “beneficiarios" en nuestra vida institucional y qué lugar ocupamos nosotros en sus vidas.
Pensar en el ser humano como sujeto y no como objeto de cambio nos plantea la necesidad de revisar los abordajes sociales, los modos de relacionamiento y el sentido que tiene trabajar con las personas y no para las personas.
El creer y crear se convierten entonces en una oportunidad para humanizar los procesos de desarrollo, aportando una mirada diferente a lo que hacemos y cómo lo hacemos.
Cuando tenemos la posibilidad de interactuar con los establecimientos educativos y sus distintos actores, lo hacemos convencidos de que son éstos quienes gestionan sus propios cambios y que los cambios colectivos son posibles cuando se empieza por casa.
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